miércoles, 22 de junio de 2016

Hablar ...

Hablar,  eso es lo que quiero.
Pero no hablar del modo en que solemos hacerlo.
De un modo diferente  ... no sé,  quizás sólo necesite compañía, y a lo mejor no es ni si quiera para hablar...quizás me sienta sólo y tener a alguien cerca me ayude a calmar esta sensación de soledad.

Ni si quiera sé qué quiero hacer  ... necesito estímulos.  ¿Será que estoy cansado de encontrarme siempre en el mismo lugar con las mismas cosas ?
¿Será que ya me harté de lo que ofrece el estar aquí y me produce esta ansiedad?
Salgo de casa en madrugada con presura para conseguir cruzarme con alguien por la calle,  pero nadie conocido.

Y por un momento tiento a saludar para entablar conversación,  pero a las 4:35 de la madrugada,  nadie espera nada bueno de un desconocido que se le dirige para hablar.
¿Hablar?  ¿Qué desconocido quiere hablar a estas horas en la calle?   Pensarán ...
Se asustan.  Ese es su lenguaje no verbal,  y la verdad,  no me ayuda nada.

Camino observando las casas,  algunas tienen las luces encendidas.
Pensar que se debe a que alguien está ahí  ... y que quizás se sienta como yo y tan sólo me lleve unos minutos de ventaja en los paseos nocturnos como este  ...

De noche se habla muy bien, pero se escucha mejor.
La contaminación acústica es inferior y esto nos permite centrarnos más en nuestros propios pensamientos antes de hablar.  Si quieres hablar,  claro está  ... porque también puedes estar,  y ya está.
Simple. Pero muy complicado.
¿Cuantas veces uno habla consigo mismo sin que ningún estímulo externo interfiera en semejante necesidad?

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