AJEDREZ
No
hacen falta motivos para regalar abrazos,
lo triste es tener los motivos para demandarlos.
La
calle es como un tablero de ajedrez en donde todos somos reyes y reinas,
sin
cerciorarnos de que en realidad somos peones.
Es
cierto que algunos van a caballo,
pero si estos también bajaran de donde están,
se darían cuenta de que no mirando por encima del hombro a nadie,
siguen siendo
tan grandes como al que tienen enfrente a pie de tierra.
No
usamos bien las calles,
conductos de miradas tímidas y desafiantes
llenas de
envidias y representantes
que gritan la atención de un público expectante
cuando
en realidad en el plato que comes, hay moscas volando,
está podrido, que no te
engañen.
A
veces tengo la necesidad de desnudarme
y caminar naturalmente entre las gentes,
para que se miren a sí mismos, se identifiquen con su esencia
y abandonen los prejuicios que demandan con tanta hambre.
Necesitamos
libertad, pero esta reclama de un orden,
limitaciones
de La Autoridad, no por evidencias, sino por sus cojones.
Catalogan
tu estado mental en base al orden de tu habitación.
La
mía está hecha un desastre,
en ella viví y seguiré viviendo las incoherencias de
la
lujuria, llámame “loco” si quieres … en esto me traduzco.
Por tanto,
si mi habitación es un desorden, mi mente será un caos
y como consecuencia yo, seré un loco.
Entonces, ¿qué
habrán vivido Los Señores
para tener así de amueblada su cabeza,
establecer un
ajedrez en la calle
y perpetuar sus incoherentes restricciones
con la locura de sus valores?
Algunos de estos sigue siendo virgen en el amor.