Con el hilo rojo
el destino tejió una senda de 350 m
que me lleva desde mi casa a la tuya,
desde lo desconocido a lo tangible,
desde el deseo
a la satisfacción más interna,
desde la duda a la confirmación,
desde la imaginación a la realidad
y de un sueño a otro lúcido
donde las alas nacen para volar.
Antaño, muchos fueron
los bordones mal cosidos que,
a lo largo de nuestros individuales caminos, nosotros mismos deshicimos
para volverlos a entrelazar,
como los dedos de mis manos,
que se amarran a lo que les alienta,
como las raíces de un árbol
se amarran a la tierra para prosperar.
Con rumbo a lo desconocido
el pirata se embarca sin barco que navegar, probó la sal de tu cuerpo
y ese será su océano, en el que si cae,
sabe que se podrá ahogar.