LA
MALDAD
Me
levanto de la cama y tras poner los pies en el suelo reflexiono sobre lo
primero que se me viene a la cabeza. Este cuerpo no es el mío, estos ojos no
son aquellos a través de los cuales veo la realidad, este pensamiento tampoco
es el mío, no me pertenece y ya no hay vuelta atrás.
Tras
lavarme la cara y mojarme la cabeza con intervalos en los que me observo en el
espejo, reconociéndome, tratando de encontrar esa mínima señal que asegure que
soy yo quien está ahí en ese preciso momento, bajo las escaleras con la
sensación de descender a un lugar donde todos verán lo que quieren ver.
Caminando
entre la muchedumbre por las calles elaboradas para el perfecto tránsito del
rebaño, que de pared a pared rebota incansablemente buscando las lanas que le
definan como el ser que creen que quieren ser y con las que se identifican, de
un establecimiento sale una madre con dos bebés amarrados a su carrito de dos
plazas. Serían gemelos o mellizos, no lo sé, pero uno de ellos dirige la mirada
curiosa, ansiosa por conocer, descubrir ... para responder a vete a saber qué.
El
caso es que clavó sus ojos en los míos, semicerrados por el sueño que aun me
invadía y no pude evitar volver a reinventar mientras tanto, lo que era estar
en silencio, caliente, húmedo, sin problemas, sin prisas, casi maduro, inexperto,
deseado, semidormido, mudo ... como unos meses atrás estaba el bebé antes de
gritar por primera vez. Sánamente, le envidio.
Durante
esos segundos tuve la maldad de otorgar al niño cierto conocimiento sobre lo
que es esta vida y como si se comunicara conmigo me preguntaba si,
¿esto
es lo que me espera? ¿seré tú una vez que pise el suelo para dar el primer paso
en la vida?
¿qué
hay ahí fuera que ahora no veo tras esta cúpula del carrito que me oculta y
protege?
Aquí
estoy bien, no quiero salir, estaba mejor antes de todos modos, pero el tiempo
es lineal y avanza con una flecha incandescente en la punta que me pincha
obligándome a "avanzar".
No
te queda más remedio, amigo mío,
antes
de nacer ya tenías nombre y sueños
de
los que no eres dueño
por
cortesía del miedo,
para
que no desaparezcas sin identidad familiar,
para
que no evadas el sistema.
¿Quién
se supone que eres?
ven,
para producir te voy a marcar,
como
al que más.
Si
vas a levantar la mano para preguntar,
que
sea sobre la lección que te estoy dando,
no
te salgas del tema,
está
castigado.
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