viernes, 16 de enero de 2015

LA MALDAD

LA MALDAD

Me levanto de la cama y tras poner los pies en el suelo reflexiono sobre lo primero que se me viene a la cabeza. Este cuerpo no es el mío, estos ojos no son aquellos a través de los cuales veo la realidad, este pensamiento tampoco es el mío, no me pertenece y ya no hay vuelta atrás.

Tras lavarme la cara y mojarme la cabeza con intervalos en los que me observo en el espejo, reconociéndome, tratando de encontrar esa mínima señal que asegure que soy yo quien está ahí en ese preciso momento, bajo las escaleras con la sensación de descender a un lugar donde todos verán lo que quieren ver.

Caminando entre la muchedumbre por las calles elaboradas para el perfecto tránsito del rebaño, que de pared a pared rebota incansablemente buscando las lanas que le definan como el ser que creen que quieren ser y con las que se identifican, de un establecimiento sale una madre con dos bebés amarrados a su carrito de dos plazas. Serían gemelos o mellizos, no lo sé, pero uno de ellos dirige la mirada curiosa, ansiosa por conocer, descubrir ... para responder a vete a saber qué.

El caso es que clavó sus ojos en los míos, semicerrados por el sueño que aun me invadía y no pude evitar volver a reinventar mientras tanto, lo que era estar en silencio, caliente, húmedo, sin problemas, sin prisas, casi maduro, inexperto, deseado, semidormido, mudo ... como unos meses atrás estaba el bebé antes de gritar por primera vez. Sánamente, le envidio.

Durante esos segundos tuve la maldad de otorgar al niño cierto conocimiento sobre lo que es esta vida y como si se comunicara conmigo me preguntaba si,
¿esto es lo que me espera? ¿seré tú una vez que pise el suelo para dar el primer paso en la vida?
¿qué hay ahí fuera que ahora no veo tras esta cúpula del carrito que me oculta y protege?
Aquí estoy bien, no quiero salir, estaba mejor antes de todos modos, pero el tiempo es lineal y avanza con una flecha incandescente en la punta que me pincha obligándome a "avanzar".

No te queda más remedio, amigo mío,
antes de nacer ya tenías nombre y sueños
de los que no eres dueño
por cortesía del miedo,
para que no desaparezcas sin identidad familiar,
para que no evadas el sistema.
¿Quién se supone que eres?
ven, para producir te voy a marcar,
como al que más.
Si vas a levantar la mano para preguntar,
que sea sobre la lección que te estoy dando,
no te salgas del tema,
está castigado.

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