QUE
HABLEN LAS LÁGRIMAS
Hoy
escribo con tinta inocua,
hoy
las letras carecen de forma,
ahogo
el papel
sobre
el que confieso mi tormento
vendido
a subasta
entre
lágrimas y lamentos.
Abandoné
la mina del lápiz ejecutor
que
dictamina mediante trazos
las
convulsiones del corazón
provocando
suspiros, llantos y lágrimas
cuando
entra en juego la razón.
Con
el lacrimal cargado de balas
descargo
sin apuntar,
sin
consuelo para el consuelo,
en
esta diana,
las
palabras están de más.
Permaneceré
callado ante la posibilidad de saber
si
tras el secado de este árbol que riego, convertido en papel,
podrás
arrugarlo o desecharlo tras leer
la
herencia de un alma transparente,
que
suicidó inmaculada su naturaleza
tras
el azar de encontrarte
con
la verdad de su querer.
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